Paseos por el parque

15 de Mayo

 

Domingo por la tarde. Que asco de día. Tendrían que suprimir la tarde del domingo como festivo. Es más odioso que cualquier otro momento de la semana. Incluso la mañana del lunes resulta agradable comparada con ella.

Telmo lleva todo el día echado en la alfombra observándome como si fuera un bicho raro. No entiendo por qué, pero es la sensación que me da. Me produce cierto nerviosismo sentirme psicoanalizada. Pero más por un perro.

Bien, nada más. Semana terminada y vuelta a empezar. Monotonía de soledad de cuarentona. Deseo de una existencia más interesante. No sé. Voy a intentar dormir y, tal vez mañana por la noche me encuentre con mejor ánimo para escribir. La tarde del domingo está plagada de miasmas existencialistas.

 

16 de Mayo

 

Hoy percibí las cosas de manera diferente. Me sentí vital otra vez. Hasta Telmo parecía más contento, en contra de su flema habitual de orejas caídas y mirada lánguida.

Entré en el parque por la puerta norte, como siempre. Se notaba una humedad inusual que, sin llover, se metía en el interior de la ropa. Eché de menos algo encima que abrigase bien, pero me niego a ponerme ropa de abrigo en mayo, aunque pase frío. Los caminos de tierra estaban húmedos, incluso con algunos charcos. Tuve la sensación, todavía la tengo, de que las primeras horas de la mañana, cuando no hay nadie, salvo algún loco corriendo por la pista deportiva, son las mejores del día.

Telmo apareció con una pelota de tenis en la boca como un trofeo, contento para el carácter aparentemente triste que tienen todos los setter. La mirada triunfante y el rabo oscilando como un péndulo con periodo desajustado, me hacían sospechar que algo debía haber hecho, algo especial, como siempre.

Efectivamente, un segundo después apareció aquel hombre maldiciendo al pobre animal. Se dirigió a mí en tono áspero preguntándome si era mío el perro. La verdad es que era gracioso verle la cara de indignación.

No sé por qué me pareció divertido y, riéndome le contesté que sí, que era mía aquella fiera y que lo sentía mucho. El también me pidió excusas por el tono y me explicó que tenía una mano lesionada, que hacía ejercicios con la pelota mientras corría  y que, repentinamente, había aparecido Telmo y se la había quitado de la mano de un bocado, o algo así. No me supo decir muy bien cómo.

Al principio me pareció un poco raro: un loco de esos que corría, y con una pelota en la mano. Sin embargo el tono de su voz, su forma de hablar pausada, la postura adoptada, recogida y a la vez franca, sus maneras en general, y el hecho de sonreír mientras hablaba, provocaron en mi interior una reacción positiva.

Hasta la fecha todas mis relaciones con los chalados que corren por el parque habían sido tormentosas a causa de Telmo: que si debía llevarlo atado, que si molestaba, que si yo que sé que cosas. Pero éste fue diferente: salió corriendo detrás del perro por una pelota. Este está loco de verdad. Tiene algo, algo que me gusta.

Habló conmigo cinco minutos sobre su mano lesionada mientras acariciaba a Telmo, que se había puesto junto a él y que babeaba agradecido. A mi chico peludo también le gustaba.

 

 

 

17 de Mayo

 

El día era esplendido a las siete y media de la mañana. Telmo aprovecho la ocasión para revolcarse en el montón de hierba recién cortada por los operarios de mantenimiento.

Me quedé más de lo habitual, casi hasta el límite de tiempo. Miré, más bien escudriñé, la pista de los lunáticos, pero no estaba. Hoy había fallado, estaba claro.

Ya salía por la puerta y tropecé con él, que entraba en ese momento. Me saludó con un gesto y sonrió. Creo que notó que me alegraba de verlo. No podía pararme. Qué habrá pensado de mí.

Fue un día malo en el trabajo. Uno de esos en que apetece ser rico solamente por el hecho de no estar sujeto al tormento de la obligación y la responsabilidad. Voy a terminar por invertir en juegos de azar.

En fin, es tarde y no estoy de buen humor, y Telmo, el muy cerdo, debe tener cistitis y no esperó al paseo de la noche. Tocó secar pis de chucho. Pues hoy no sale. Qué se joda.

 

18 de Mayo

 

Hoy sí. Hoy hice un pleno. Hoy fue mi día en todo. Desde la primera hora hasta la última. A veces pienso que la vida de una administrativa premenopáusica no es tan mala.

La mejor decisión que tomé, después de haber mandado a paseo al vago de mi ex marido, fue entrar hoy al parque por la puerta vieja. Me tropecé de narices con mi alienado preferido. Corría como un poseso. Creí que seguía de largo porque me hizo un gesto de saludo con la mano, como ayer. Pero no, se detuvo a unos metros y se dio la vuelta.

La piel sudada le humeaba en el frescor de la mañana. Sonreía mientras se acercaba adonde yo estaba, un poco fuera de la pista, en el césped. No me había fijado en que era bastante guapo. Es más, muy guapo. Al llegar a mi lado me dio los buenos días y me preguntó por el perro.

No sé por qué lo hice pero le dije que el perro tenía un nombre, Telmo. Creo que me tomó por imbécil, porque como una imbécil me quedé cuando, sin inmutarse, me indicó que era un nombre muy interesante y me preguntó si sabía qué era el fuego de Santelmo. Le dije que no y me recomendó que leyese libros de piratas. Que tipo más raro. Y que persona más atractiva.

No tuve mucha cosa en el trabajo, así que pasé buena parte del día pensando en qué tendría que ver el nombre de mi perro con el fuego y con los piratas. El sábado me daré una vuelta por la biblioteca pública. A ver que encuentro.

Al salir, por la tarde, decidí darme un homenaje: peluquería y depilación. Lo que duele la maldita cera. Se queda una como de porcelana, pero a que precio. Tuve sensación de resquemor hasta hace bien poco. Se me pasó al cenar, por el vino, supongo, que estaba buenísimo.

 

19 de Mayo

 

Hoy no pude ir al parque. Mi madre destruyó mis planes con un susto mañanero: un ahogo. El médico se encargó de recordarle que con un sobrepeso importante esas cosas pasan.

Otro día precioso y todo correcto en el trabajo: cuando el jefe está de viaje todo parece más fácil. Las empresas deberían pensar en despedir a los jefes. Todo parece salir estupendamente cuando se ausentan.

Cuando llegué a casa a media tarde, Telmo me recibió de esa forma en que solo los canes lo hacen, que parece que no te hubiera visto en un año. Acostumbrado a paseos largos y pausados por las mañanas, la salida rápida para un pis de hoy por culpa de mi madre le había dejado psicológicamente destrozado. Le compensé con un tiempo extra en el paseo vespertino. No se olvidó de su pelota de tenis. No la abandonaba desde que se la había robado de la mano a nuestro chiflado.

Tengo que dejar da llamarle cosas. No sé que está pasando, pero no haberle visto hoy me perturbó. Es como si hubiese incorporado a mi actividad normal de cada día el hecho de encontrármelo por la mañana.

Va a ser verdad que la edad y el inicio de los desarreglos nos ponen tontas a las mujeres.

 

20 de Mayo

 

Un nuevo día de niebla pero lleno de luz. Con una temperatura ambiente maravillosa.

Había perdido a Telmo nada más entrar en el parque. Lo busqué con la mirada por el prado central, donde normalmente se afanaba en correr detrás de las palomas, pero no lo veía, así que decidí observar a los dementes mientras se ejercitaban.

Mi sorpresa fue grande cuando distinguí a lo lejos a mi héroe, con mi perro caminando tranquilamente a su lado, mirando extasiado a su mano, que sostenía la pelota fuera del alcance de su boca.

Él también me había visto y venía caminando hacia mí. Al llegar a mi lado me dio los buenos días y lanzo lejos la pelota. Telmo salió como una flecha y él comenzó a hablarme primero del magnífico día, de lo que le gustaban las mañanas brumosas con temperatura agradable y de no sé cuantas cosas más. Cuando nos dimos cuenta casi se había pasado mi hora límite.

Le dije con prisa que el lunes podríamos seguir hablando, pero hoy ya no. El trabajo era el trabajo.

Me quedé de piedra cuando me comentó que porqué esperar al lunes. Mañana sábado había más tiempo y, si quería, el iba siempre a la misma hora. Me prometió que me contaría la relación entre el nombre de mi perro, los mástiles de los barcos y los piratas.

No se qué podrá pasar, pero, seguro, voy a madrugar para estar allí.

 

 

 

Jesús Arribas

Abril 2004

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Acerca de Jesús Arribas

Un tipo normal, algo rebelde.
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